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Buena Vida.
El señor se comprò una corbata para el homenaje de que se yo que cosa. Era justo cuando la cintura de la uvas desparramaban miel sobre el campanero que tocò la hora .
La señora se tiñò el cabello rojo animàndose a asistir a una boda.
En la taberna llovida de pianolas el otoño convencìa sin suerte, a los feriantes que olvidan el olvido y en las lucecitas encendidas arde troya.
Los hijos del señor y la señora eligieron prendas con ojales y sin luna.
Estàbamos tranquilos en la compulsa de una tarde disonante porque existen otras . Se apuraba el aire fresco de un combate sobre los dientes del maìz salvaje y la cebolla. La dinastía fatal del señor y la señora fracasò un dìa en que el pan sostuvo la mesa para todos y el vino sin agotarse presagiò que podìamos cantar en primera fila con un ùltimo violìn convidando mariposas . No nos fue posible disuadir al señor y a la señora pero seguimos siendo una simple partitura. Nos acomodamos en cualquier parte para abrir y reabrir todos los mundos con orquestas propias .
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